El Palacio de Bellas Artes recibirá a quienes deseen participar en el homenaje de cuerpo presente al ingeniero, fallecido el miércoles a los 92 años.
Familiares, antiguos compañeros de lucha y ciudadanos recordaron al dirigente de izquierda durante un homenaje en Bellas Artes. Sus restos serán trasladados a la Rotonda de las Personas Ilustres.
Ciudad de México, 31 de octubre de 2026. Entre aplausos, música purépecha y consignas que evocaron las movilizaciones de 1988, familiares, dirigentes políticos y ciudadanos despidieron a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano durante un homenaje de cuerpo presente celebrado este viernes en el Palacio de Bellas Artes.
La ceremonia reunió a distintas generaciones de la izquierda mexicana, desde quienes acompañaron al ingeniero en la ruptura con el PRI hasta jóvenes que reconocen en su trayectoria uno de los antecedentes de la apertura democrática del país.
Una de las consignas que volvió a escucharse en el recinto fue aquella que marcó las protestas posteriores a las elecciones presidenciales de 1988: «¡El pueblo votó y Cárdenas ganó!».
El académico Imanol Ordorika recordó la relación de confianza que Cárdenas construyó con quienes inicialmente desconfiaban de su pasado priista.
Durante su intervención evocó un encuentro de 1987, cuando integrantes del movimiento le manifestaron sus reservas. Cárdenas respondió entonces que la confianza debía construirse mediante los hechos. Ordorika sostuvo que su trayectoria terminó por demostrarlo.
El homenaje también tuvo un marcado carácter familiar. Lázaro, Cuauhtémoc y Camila Cárdenas Batel acompañaron el féretro de su padre, cubierto con la bandera nacional, y participaron en las primeras guardias de honor.
Lázaro Cárdenas Batel confirmó posteriormente que la familia aceptaría la propuesta de trasladar los restos del dirigente a la Rotonda de las Personas Ilustres, planteada durante la ceremonia por la presidenta Claudia Sheinbaum.
La mandataria recordó la decisión de Cárdenas de abandonar el PRI en 1987 y encabezar una alternativa política cuando todavía no existían condiciones de competencia electoral equitativa.
Consideró que aquella ruptura representó un acto de valentía y destacó su contribución a la transformación democrática.
Entre los asistentes estuvieron la jefa de Gobierno, Clara Brugada; las secretarias Alicia Bárcena y Rosaura Ruiz; el senador Gerardo Fernández Noroña; el consejero electoral Uuc-kib Espadas y representantes diplomáticos.
Sin embargo, más allá de las figuras públicas, el homenaje estuvo marcado por los testimonios de quienes participaron en las movilizaciones políticas encabezadas por Cárdenas.
Gelasio Pablo Santiago viajó desde Oaxaca para despedir al dirigente al que acompañó desde sus años como gobernador de Michoacán. Recordó que enfrentarse al PRI durante aquella época implicaba riesgos personales y políticos.
María Guadalupe Gutiérrez, de 70 años, quien participó en las movilizaciones de 1988, consideró que el país mantiene una deuda con el ingeniero por su contribución a la democratización.
También acudió Balam Velázquez, estudiante universitario de 19 años, cuya abuela participó en las protestas contra las irregularidades electorales de aquel año. Su presencia reflejó la transmisión generacional de la memoria del cardenismo.
El periodista y cronista Jaime Whaley recordó a Cárdenas como un hombre afable, cercano y comprometido con sus convicciones políticas.
La despedida incluyó también una intervención de una mujer purépecha que recordó su acompañamiento al dirigente durante su trayectoria política, así como interpretaciones musicales vinculadas con Michoacán, estado del que fue gobernador entre 1980 y 1986.
Cuauhtémoc Cárdenas falleció el miércoles 28 de octubre, a los 92 años. Fue tres veces candidato presidencial, fundador del Partido de la Revolución Democrática y primer jefe de Gobierno del Distrito Federal elegido por voto popular.
Su candidatura de 1988, la fundación del PRD en 1989 y su triunfo electoral en la capital en 1997 constituyen tres momentos fundamentales de una trayectoria que modificó el sistema político mexicano.
El homenaje en Bellas Artes reunió así dos dimensiones de su legado: el reconocimiento institucional a su papel histórico y la memoria de quienes encontraron en su movimiento una posibilidad de cambio político.

