Ciudad de México, 22 de octubre de 2026. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no utilizar medicamentos para tratar la obesidad en menores de 10 años debido a la limitada evidencia científica disponible y a los posibles efectos sobre su crecimiento, desarrollo y salud física y mental.
La recomendación forma parte de las primeras directrices mundiales del organismo para abordar la obesidad en niños y adolescentes, una condición que afecta a alrededor de 170 millones de personas de estas edades en el mundo.
Según la OMS, aproximadamente 70 millones de niños de entre 5 y 9 años y al menos 100 millones de adolescentes de 10 a 19 años viven con obesidad. Además, la prevalencia de esta condición se ha cuadruplicado desde 1990.
El organismo señala que el tratamiento debe adaptarse a la edad, el estado de salud, el contexto cultural y las circunstancias de cada menor y su familia. El objetivo, precisa, no debe limitarse a reducir el peso corporal, sino también mejorar la salud, el funcionamiento cotidiano y el bienestar a largo plazo.
Alimentación saludable y actividad física
La OMS propone planes de alimentación estructurados y supervisados por profesionales con conocimientos en nutrición. Estas estrategias deben considerar las preferencias alimentarias, los horarios de las comidas y los recursos económicos disponibles en cada hogar.
Las directrices también advierten que las familias con menores ingresos enfrentan mayores dificultades para acceder a alimentos saludables y costear tratamientos, por lo que recomienda establecer medidas de apoyo para reducir estas barreras.
En cuanto a la actividad física, el organismo plantea que debe ajustarse a los intereses, las capacidades y la condición de cada niño o adolescente.
Para los mayores de cinco años, recomienda un promedio de al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada o vigorosa a lo largo de la semana, así como ejercicios que fortalezcan músculos y huesos al menos tres días por semana.
La OMS destaca que las actividades agradables, informales y no competitivas pueden favorecer la participación de los menores.
Salud mental y prevención del estigma
Las directrices también consideran la salud mental como un componente central del tratamiento de la obesidad infantil y adolescente. Por ello, plantean una atención integral con participación de padres, docentes y familiares, evitando culpabilizar o estigmatizar a los menores.
La organización advierte que la ansiedad, la depresión, la baja autoestima y las dificultades para regular las emociones pueden relacionarse con hábitos alimentarios poco saludables, inactividad física y aislamiento social.
A su vez, el estigma y el acoso vinculados con el peso pueden afectar el bienestar emocional, por lo que estos factores deben tomarse en cuenta durante la atención.
La OMS sostiene que el abordaje de la obesidad infantil requiere estrategias adaptadas a cada caso, con atención tanto a la salud física como al bienestar emocional y las condiciones sociales de los menores.

