La ofensiva de Milei

LAS BATALLAS
Francisco Reséndiz

Javier Milei dejó de ser el economista disruptivo que seducía auditorios universitarios con un discurso contra la «casta» política para convertirse en uno de los principales referentes de la derecha radical en América Latina, aliado político de Donald Trump y protagonista permanente de confrontaciones con gobiernos progresistas de la región y del mundo.


Milei es disruptivo. Es un personaje que ha construido su identidad política a partir de la confrontación. Ha fustigado a las «castas políticas», defendido la dolarización de la economía argentina y la desaparición del Banco Central; se ha pronunciado a favor de crear un «mercado de órganos» humanos y de la libre portación de armas.


También ha minimizado el drama de los desaparecidos durante la dictadura militar y ha impulsado un severo adelgazamiento del Estado mediante la desaparición de ministerios vinculados con la ciencia, la tecnología, el medio ambiente, la cultura y las mujeres, además de promover la fusión de las carteras de Salud, Educación, Desarrollo Social y Trabajo. Ese conjunto de posiciones lo retrata de cuerpo entero.
Y así como es, sin presentar prueba alguna, el sábado el presidente de Argentina lanzó, durante una entrevista radiofónica, una nueva acusación: «Quién puso más plata en esta campaña anti argentina (en el Mundial 2026) … el gobierno de Brasil (…) fue financiada… por México, por el partido Demócrata, ¿quiénes son?… son las cabezas progresistas que no quieren que las ideas de la libertad funcionen»… uff.


¿Qué respondió la presidenta Claudia Sheinbaum? Le puso un alto de inmediato y dejó claro que México no se «mete con otros países». «Es falso. No hay ninguna campaña contra ningún país del mundo, ni contra ningún gobierno del mundo.»


Lo de Milei no es casualidad. El presidente argentino ha sostenido una larga e intensa confrontación político-ideológica contra los gobiernos mexicanos de la Cuarta Transformación y ha convertido a Andrés Manuel López Obrador y a Claudia Sheinbaum en blancos recurrentes de su ofensiva regional contra los movimientos progresistas.


No se trata de desencuentros aislados ni de exabruptos propios del temperamento de un mandatario acostumbrado a la confrontación. Con ese discurso, Milei busca consolidarse como el principal exponente del bloque conservador latinoamericano, en un momento en el que intenta proyectar su liderazgo más allá de las fronteras argentinas.


Ha lanzado criticas como chairos resentidos», calificado a AMLO de «patético» y «lamentable», de intervenir en los asuntos internos de Argentina; soltó la frase «Que un ignorante como López Obrador hable mal de mí, me enaltece.» Y remató: «Es un problema de los mexicanos si eligen a los socialistas».
Con el cambio de gobierno en México, Milei mantuvo las indirectas. «Me compadezco del mexicano que tenga que padecer un régimen socialista», afirmó. Meses después, en octubre de 2024, decidió no asistir, sin explicación convincente, a la ceremonia de investidura de Claudia Sheinbaum con quien chocó por el tema de las criptomonedas LIBRA.


En efecto, Milei no es estúpido; en serio, no lo es. Enfrenta una compleja situación económica y social en su país; no ha conseguido revertir varios de los problemas que prometió resolver y se encuentra ante un creciente desgaste político. En ese contexto desvía la conversación hacia un supuesto complot «mexicano-brasileño» contra Argentina, apelando a un nacionalismo exacerbado, un recurso frecuente entre los liderazgos de la ultraderecha.


No hay que darle muchas vueltas. La confrontación que ha sostenido durante tres años con México también responde al peso específico que nuestro país tiene como uno de los dos grandes motores económicos de América Latina, junto con Brasil. Por eso no sorprende la nueva perorata del presidente argentino contra México.


La confrontación hace tiempo dejó de ser exclusivamente ideológica. No hay que ser ingenuos: elevar el tono frente a adversarios externos también fortalece la cohesión de su base política y alimenta la narrativa que ha construido desde antes de llegar a la Casa Rosada. Está construyendo a su enemigo favorito y convenciendo a los suyos de que sí lo es.


RADAR


RECLAMOS EN NAYARIT. En la pasada entrega de Las Batallas comentamos sobre el músculo político que ha exhibido la exdirigente estatal de Morena, Elizabeth López Blanco, de cara al proceso interno que definirá a quien encabece la defensa de la 4T en Nayarit y, eventualmente, la candidatura guinda al gobierno del estado en 2027.


Nos cuentan que las movilizaciones encabezadas por López Blanco en Tuxpan y Bahía de Banderas, que de acuerdo con los organizadores reunieron a más de 40 mil simpatizantes, así como la asamblea del pasado fin de semana en Tepic, con alrededor de 10 mil asistentes, encendieron focos amarillos en los equipos de Geraldine Ponce, alcaldesa de Tepic; Héctor Santana García, presidente municipal de Bahía de Banderas, y Pável Jarero Velázquez.


En los corrillos del morenismo nayarita se habla de reclamos internos, ajustes de estrategia y presiones para acelerar el trabajo territorial. La irrupción de López Blanco, respaldada por una estructura construida durante su paso por la dirigencia estatal y las campañas de afiliación del partido, modificó el tablero sucesorio.


EN QUERETARO… Hay señales que no necesitan anuncios oficiales. Cuando un nombre empieza a repetirse en las conversaciones y en los «radiopasillos», y cuando deja de ser motivo de debate para convertirse en punto de encuentro, es porque algo se está moviendo.
Y justo eso parece estar ocurriendo con Luis Nava en Querétaro.


Mientras otros aceleran el paso, Nava ha optado por una estrategia menos vistosa, pero mucho más efectiva: construir confianza ciudadana. ¡Nada más difícil en estos tiempos!


Y en un PAN que sabe que el mayor riesgo, rumbo a 2027, no está enfrente, sino en su propia casa, el Secretario de Desarrollo Social comienza a perfilarse como la apuesta que ofrece mayor estabilidad. No porque alguien lo haya decretado, sino porque, poco a poco, todas las piezas empiezan a acomodarse alrededor de su nombre. Y en política, señores, sabemos que esas señales nunca son casualidad.

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