El único fragmento visible del Teotlachco mexica se conserva bajo un hotel en la calle Guatemala, donde especialistas del INAH continúan investigando una estructura ceremonial asociada con la cosmovisión, el poder político y los rituales de Tenochtitlan.
Ciudad de México, 27 de junio de 2026. Los restos del costado exterior norte del Juego de Pelota o Teotlachco de Tenochtitlan, considerado el único fragmento visible de esta estructura ceremonial mexica, permanecen resguardados bajo los cimientos del Hotel Catedral, ubicado en la calle Guatemala número 16, en el Centro Histórico de la capital del país.
El arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez, director del Programa de Arqueología Urbana (PAU) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), explicó que el inmueble era un edificio sagrado de carácter ritual, simbólico, religioso y lúdico, donde se resolvían conflictos, se realizaban apuestas y se llevaban a cabo sacrificios humanos.
Barrera señaló que el Teotlachco formaba parte del recinto ceremonial de Tenochtitlan y estaba estrechamente relacionado con la cosmovisión mexica, al representar un espacio vinculado con el inframundo, la fertilidad, la renovación de la vida y diversos mitos asociados a las deidades mexicas.

Hallazgo confirmado en 2014
Aunque desde principios del siglo XX existían registros arqueológicos relacionados con el Juego de Pelota tenochca, fue hasta 2014 cuando, durante una segunda temporada de excavaciones en el predio de Guatemala 16, se logró confirmar la localización de la estructura.
Los trabajos permitieron identificar una plataforma orientada de este a oeste, asociada con las etapas constructivas V, VI y VII del Templo Mayor, correspondientes al periodo comprendido entre 1481 y 1521.
De acuerdo con el especialista, la estructura mejor conservada presenta aproximadamente nueve metros de ancho y se localiza a unos seis metros de profundidad respecto al nivel actual de la ciudad.
Las excavaciones también revelaron restos de escalinatas superpuestas, banquetas, pisos estucados y vestigios de postes de madera, elementos que permiten reconstruir parte de la arquitectura original.
Antecedentes arqueológicos
El primer registro relacionado con el Juego de Pelota data de la época del Porfiriato, cuando el arqueólogo Leopoldo Batres documentó el hallazgo de diversas ofrendas durante trabajos de construcción de un drenaje en la calle de Guatemala.
Entre las piezas encontradas destacan una escultura que representa una pelota de hule, actualmente exhibida en el Museo Nacional de Antropología, así como pequeñas esferas de piedra y una escultura sedente de Xochipilli-Macuilxóchitl, deidad asociada con la música, la danza y el juego.
Décadas más tarde, durante la construcción de la Línea 2 del Metro de la Ciudad de México, entre 1968 y 1969, nuevas excavaciones permitieron localizar ofrendas que incluían miniaturas de juegos de pelota, instrumentos musicales y representaciones de deidades mexicas.
Posteriormente, en los años noventa, trabajos arqueológicos realizados durante la estabilización de la Catedral Metropolitana permitieron identificar restos de estructuras que fueron reinterpretadas como parte del Juego de Pelota por el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma.
El juego de los dioses
Raúl Barrera indicó que el Teotlachco pudo medir aproximadamente 50 metros de longitud y 30 metros de ancho, con una planta arquitectónica semejante a una doble T o una I latina.
Añadió que el recinto simbolizaba la superficie terrestre y constituía una conexión con el inframundo y el cosmos, por lo que sus actividades estaban relacionadas con la fertilidad, la muerte y la regeneración de la vida.
Asimismo, explicó que el juego era considerado una representación de guerras simbólicas y que incluso los tlatoanis participaban en estas prácticas ceremoniales.
El investigador recordó que en toda Mesoamérica se han documentado más de 3 mil juegos de pelota, de los cuales mil 233 se localizan en territorio mexicano.
Visitas guiadas
El Templo de Ehécatl-Quetzalcóatl y el fragmento del Juego de Pelota de Tenochtitlan pueden visitarse mediante recorridos guiados organizados por el Museo del Templo Mayor.
Las visitas se realizan de martes a sábado en horarios de 9:30, 11:00 y 12:00 horas, previa reservación. El acceso está incluido en el boleto de entrada al museo, cuyo costo es de 105 pesos para nacionales y extranjeros con residencia en México.
Los recorridos permanecerán disponibles hasta el próximo 19 de julio, fecha en que el espacio volverá a cerrarse temporalmente para permitir la continuación de las investigaciones arqueológicas.

